Atitlán nace en San Juan La Laguna, en el corazón del departamento de Sololá (Guatemala), entre 1.200 y 1.400 metros sobre el nivel del mar. Esta zona, enclavada entre tres volcanes en la ladera del Pacífico, recibe más de 2.500 mm de lluvia al año y mantiene una humedad constante que da a los cafetales un entorno de gran densidad y riqueza orgánica. La altitud frena la maduración y reduce la presencia de plagas, favoreciendo un desarrollo lento y expresivo del grano. Un terroir que se traduce en taza con dulzor natural, cuerpo marcado y un perfil profundamente achocolatado.
Detrás de este lote están las familias caficultoras del pueblo de Pasajquim (que significa, literalmente, "lugar poblado"), organizadas en cooperativa a orillas del lago Atitlán. El 95% del café de esta región es obra de pequeños productores que cultivan sus parcelas con métodos tradicionales, sin uso de químicos y con materia orgánica como único fertilizante. Un modelo de trabajo colectivo donde cada familia aporta su cosecha y su conocimiento, y donde el lago no es solo el paisaje de fondo, sino el eje natural en torno al que se organiza la vida y el trabajo de toda la comunidad caficultora.
Este lote, de variedades Bourbon, Caturra y Catuaí, se procesa mediante método Lavado siguiendo la tradición de la región. Tras la recolección manual de las cerezas en su punto óptimo de madurez, el café se despulpa y fermenta con agua de la zona, y después se seca lentamente al sol sobre patios de hormigón. Este proceso de secado lento y controlado, combinado con la altitud y la fertilidad del suelo volcánico, da como resultado una taza de gran limpieza, con un perfil dulce y bien definido que refleja con fidelidad el terroir de Sololá.
En taza, Atitlán ofrece un perfil achocolatado, dulce y envolvente. El chocolate oscuro aparece desde el primer sorbo como nota protagonista, construyendo una base densa y reconfortante. La nuez de macadamia suma una cremosidad suave y elegante que redondea el conjunto, mientras que el dátil y la panela aportan una dulzura cálida, profunda y muy golosa. Con un cuerpo medio-alto y una acidez media, es una taza densa, redonda y reconfortante.
Con una puntuación de 84 y un tueste específico para espresso, Atitlán expresa lo mejor de su perfil en preparaciones cortas, donde el chocolate y la dulzura de panela ganan intensidad y complejidad. Con leche, el resultado es una taza que equilibra carácter y accesibilidad con naturalidad. Una expresión del café guatemalteco en su forma más honesta: comunidad, territorio volcánico y un proceso tradicional que, lote a lote, convierte la riqueza de un lago y tres volcanes en una taza profunda, dulce y llena de carácter.
